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Jerez de la Frontera, Cádiz, Spain

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En esta página encontrarás evocadoras fotografías antiguas procedentes de mi archivo particular, así como otras actuales de las que soy autor. También vídeos, artículos, curiosidades y otros trabajos relacionados con la historia de Jerez de la Frontera (Spain), e información sobre los libros que hasta ahora tengo editados.

In this page you will find evocative ancient photographies proceeding, as well as different current of my file particular of that I am an author. Also videoes and articles related to the history of Jerez (Spain) and information about the books that till now I have published

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Los Reyes Magos de Jerez

Nacido, pues, Jesús en Belén de Judá en los días del rey Herodes, llegaron del Oriente a Jerusalén unos magos diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer?.  Y al entrar en la casa vieron al niño con su madre María, y postrándose ante él lo adoraron.




 EN LA FIESTA DE LOS REYES
Poco más dice el relato bíblico de San Mateo sobre un hecho que fue  progresivamente adornado durante la Edad Media. Poco a poco y a través del tiempo los Magos se convirtieron en Reyes y se les dio los nombres de Gaspar, Melchor y Baltasar. Como es sabido, la tradición cuenta que los tres Reyes Magos vinieron de Oriente y que guiándose por una estrella llegaron a Belén, buscaron al Niño Jesús recién nacido y le adoraron, ofreciéndole oro como  Rey, incienso como Dios y mirra como Hombre. De ahí emana la entrañable tradición española y de otros países hispanoamericanos de ofrecer regalos a los niños en  la noche del 5 al 6 de enero, en los últimos tiempos compitiendo con la introducción del Papá Noel en las costumbres navideñas debido a la influencia de otras culturas del norte de Europa y sobre todo anglosajonas.
Juguetes, golosinas y ropa de abrigo
Con respecto a nuestra ciudad, me he permitido buscar en diversos números de los primeros días de enero de finales del siglo XIX y primera década del XX del viejo periódico El Guadalete, para ver que decían de esta tradición en sus páginas. Salvo algunos anuncios de establecimientos como el del Sr. Gutiérrez en la calle Algarve 8 y 10 del que vemos cada año anuncios en vísperas de Reyes, en los que se puede leer que hasta el día de 6 de enero mantiene su exposición de juguetes con precios fijos y al alcance de  todas las fortunas, no encontré ninguna noticia o evento relacionado con la festividad, a no ser algún baile en el Casino Jerezano e incluso, extrañamente,  algún otro de máscaras. También hay noticias de que el Sr. Luis de Ysasi, prócer jerezano que legara a nuestra ciudad su finca de El Retiro, regalaba el día de Reyes, en los albores del pasado siglo, ropa y juguetes a una relación de  niños necesitados de la ciudad.
Ya en tiempos de la II República hallamos noticias en prensa de la entrega de juguetes, ropa de abrigo y golosinas en algunos colegios de  nuestra ciudad con motivo de la festividad de Reyes, concretamente en el colegio que estaba situado en el interior del Real Alcázar, del que era protector y principal bienhechor el Sr. Salvador Díez, quien a sus expensas se encargaba de adquirir dichos  regalos. Cercano a este centro, en la Maternal de calle Armas, también en dicho tiempo y a cargo del Ateneo se regalaban juguetes y ropas a los escolares.

 
Anuncio en El Guadalete 1902
 Cabalgata de Reyes, un poco de historia
En cuanto a la tradición de una cabalgata para anunciar la llegada de los Reyes Magos es muy antigua, la misma se remonta al año 1866 cuando en la ciudad alicantina de Alcoy se organiza la primera cabalgata de reyes de las que se tiene noticia en España. En Jerez no sería hasta el año 1923 cuando sus calles vieran por primera vez el paso de una Cabalgata de Reyes. La cual, al igual que en Sevilla que la venía haciendo desde 1918,  era el Ateneo quien se encargaba de su organización, con el único afán de llevar regalos e ilusión a los escolares más necesitados. Tanto el coste de los juguetes a comprar que, según las normas había que hacerlo a comerciantes de la ciudad, así como los gastos de la cabalgata eran obtenidos a base de donaciones particulares que el Ateneo se encargaba de recaudar, también se obtenía alguna pequeña ayuda del propio Ayuntamiento. Ni que decir tiene que aquellas cabalgatas eran de lo más austero y en nada parecido a las de ahora, desde luego sin carrozas, ni camellos. Según nos cuenta Pepe Castaño en su precioso libro sobre los Reyes Magos, el cortejo que acompañaba a sus Majestades de Oriente en aquellas primeras cabalgatas lo abría una banda militar de cornetas y tambores, tras la misma, una serie de figurantes disfrazados de egipcios y árabes, nada más.
Con el advenimiento de la Guerra Civil el Ateneo Jerezano quedó prácticamente inactivo, sus comisiones desaparecieron y con ellas la encargada de organizar la cabalgata. Acabada la contienda se hicieron algunos actos aislados organizados por el Frente de Juventudes con motivo del día de Reyes, tales como un concurso de dibujo infantil, una velada teatral o un concurso literario sobre este tema. También a mediados de aquella década de los cuarenta, aparece en la prensa la noticia que unos magos disfrazados habían desfilado por el centro de Jerez. Poco más hemos podido encontrar en hemeroteca. Será en el año 1949 cuando de nuevo se restablezca la Cabalgata de Reyes, en la que mi viejo y recordado amigo José María López-Cepero representó al rey Baltasar junto a Juan Manuel Rodríguez Almodóvar y Alberto González de la Peña. En dicha ocasión los reyes desfilaron montados en sendos caballos. Por cierto, el Ayuntamiento no participó aquel año aduciendo que no tenía dinero.
José María López Cepero,
Rey Baltasar en 1949

Evocación
En mis recuerdos de la niñez quedaron aquellos días de la ilusión y sus juguetes. El carrito de madera hecho a mano por un carpintero amigo de la familia, el cochecito pulga que se le daba cuerda por debajo, la cabeza de caballo de cartón piedra unida a un palo, los juegos de mesa de parchís y la oca, o aquel tren de resorte al que mi padre le ponía una bombillita conectada a una pila de petaca y me decía que era un tren eléctrico. También, en los días previos a la festividad de los Reyes, recuerdo aquellos grupos niños, tan pobres que nada tenían, tiznada su cara con un tapón de corcho quemado, pidiendo a coro por las calles unos céntimos para poderse comprar algún juguete. Eran los llamados “Tostaíllos”. Y lo hacían con tal gracia bajo los balcones de las casas que casi siempre les caía alguna moneda. Cantaban esto:
Somos cuatro tostaíllos que venimos a dar el tostooón
A la doña, doña Juana, la que está en el balcooón.
Una perra pá jabón, pá quitarme los churreeetes.
Pero quizás el recuerdo más entrañable es para mí, sin duda, aquella noche de Reyes cuando, tras la cabalgata, nos acostábamos muy pronto después de dejar los zapatos detrás de la ventana, “no sea que los reyes vayan a venir y estéis despiertos y se marchen sin dejar nada” nos decía mi madre. Digo mi madre porque mi padre no estaba en casa. Y es que él junto con otro amigo y mi padrino se encontraban en Casa Brotons disfrazándose de rey mago. De esa guisa alquilaban un coche de caballos en la Alameda Cristina y se dedicaban a ir casa por casa de los 18 ahijados que tenía mi padrino, Antonio Barrones se llamaba. Creo que Antonio nació para ser padrino, lo fue también de mis dos hermanas, y no de alguno de mis hijos porque cuando nacieron ya al pobre le había tocado marcharse para siempre. Pues bien, aquel alegre trío se pasaba toda la noche de reyes visitando las casas de ahijados y amigos, despertando a los niños y entregándoles sus regalos en la propia cama.
Pum, pum, sonaba el llamador de la puerta. ¿Quién es? Somos los Reyes, se oía desde la calle. Y nosotros que no habíamos podido conciliar el sueño hacíamos como que dormíamos y nos tapábamos la cabeza. Ni que decir tiene cual era la sensación que nos causaba aquella “visita real”. Habría que ver nuestros semblantes ante aquellos magos, no sé si era una mezcla de ilusión y de miedo a la vez, que sólo se desvanecía cuando los oíamos salir por la puerta y éramos dueños de todo el tesoro. Como es natural y por descontado,  en cada casa que “sus majestades” visitaban siempre caían una o dos copitas de aguardiente para acompañar un pestiñito o un polvorón, por lo que al terminar la “faena”, ya a las claras del día, la que “sus majestades” llevaban encima podría ser de acera a acera, circunstancia de la que no estaba excluido el cochero, que por descontado no se mantenía al margen de las generosas invitaciones. Mi padre, al que siempre le tocaba ir de rey negro, frecuentemente recordaba aquello como los mejores momentos de su vida, y yo los guardo en lo más profundo de ese lugar del corazón donde se conservan los recuerdos más queridos.
Hoy, cuando veo esos muñecos gordinflones de barba blanca, vestidos de rojo con los que algunos pretenden sustituir nuestra ancestral tradición y que por descontado gozan de todos mis respetos, pienso que los que todavía seguimos creyendo en los Reyes Magos de Oriente somos unos afortunados.

Antonio Mariscal Trujillo

Pozo del olivar

Las historias de una ciudad pueden tratarse a partir de diversos aconteceres más o menos destacados.  Sociedad, batallas, conquistas, economía, personajes, urbanismo, política o cultura, son por lo general los hechos a través de los que se puede ahondar en el pasado.
       Sin embargo, existen numerosos detalles u objetos que encierran historias curiosas e interesantes. Unos situados en plena vía pública que, al resultarnos familiares, no reparamos en ellos. Otros, quizás,  hayan despertado alguna vez nuestra curiosidad sin que hayamos podido saber porqué están ahí, cual es su historia o qué significado tienen. En algunos casos dichos objetos no están a la vista de la gente, sino que permanecen atesorados en museos, archivos, conventos, iglesias, bibliotecas o manos privadas. Historias emanadas desde el objeto, desde el detalle, desde lo pequeño, pero no por ello de menor interés como el lector podrá comprobar a través de esta obra.
          En el presente trabajo el autor ha seleccionado medio centenar de objetos extraídos de un hipotético pozo al que ha denominado: “Pozo del Olivar”, para así sacarlos a la luz y desvelar las historias que los rodean. Cincuenta objetos y detalles que muy bien pudieran haber sido cien, doscientos o muchos más.

El Varilla



     Nunca supe cual era su verdadero nombre, sólo sé que todos le llamaban “El Varilla”. Era un personaje muy conocido en Jerez a causa de sus excentricidades, posiblemente debidas a un incorrecto funcionamiento de su mente, unido a una asidua afición por el vino. Tenía una madre que lo adoraba, decían que era una “santa”, que lo cuidaba con cariño y esmero. Nunca supo lo que era la tristeza, siempre alegre, siempre contando un chiste o la última anécdota satírica; se reía hasta de su sombra. Su manía eran los disfraces, igual lo veíamos vestido de flamenco que con traje de gitana cuando era feria, o de torero cuando había corrida. A veces hasta con un bikini puesto encima de su ropa y con un paraguas a modo de sombrilla. Que los soldados del regimiento juraban bandera, pues el de legionario. Que llegaba la vendimia, entonces se cubría con hojas de parra y se colgaba racimos de uva. ¿De donde sacaba los disfraces? eso nunca logré averiguarlo. El caso es que sus originalidades se convertían en tema de conversación de casi todo Jerez.

         Era costumbre que muchos de los socios, ya mayores, del Casino Jerezano, cuando este se ubicaba en la calle Larga, se sentaran en la calle durante los meses veraniegos en unos sillones. Pues bien, en cierta ocasión, el Varilla apareció por allí con un saco lleno de cuernos de toro, que sabe Dios de donde los había sacado, y vaciándolo al pie de aquellos encopetados señores dijo: “que cada uno coja el suyo”. ¡La que se pudo formar! Algunos comenzaron a reír a carcajadas y no pararon hasta el día siguiente, pero no del detalle del Varilla, sino de la cara que pusieron algunos que se sintieron aludidos.

         Muchas veces iba por la calle y al que pasaba le pedía un duro, a veces con insistencia cuando no lo conseguía a la primera. Tanto le llegó a insistir a uno que se resistía a su petición, que al final accede diciéndole: “Toma el duro y vete ya”. A lo que el Varilla le contesta: “Anda, si te parece por un duro me quedo y encima te pinto la fachada”. En otra ocasión., otro le da un duro y le dice: “Toma pero no te lo gastes en vino”. La respuesta del Varilla fue: “No, si te parece me compro un cortijo”

         Cierto día apareció por la Casa de Socorro, llevaba colgado un pico y una pala, de esos que sirven para hacer boquetes en el suelo, producen ampollas en las manos, dolor en la región lumbar, y que temen más que a un Miura aquellos que no han doblado el espinazo en su vida. En la mano llevaba unas tiras de papel numeradas y de un botón de su camisa colgaba una caja de aspirinas. Entonces le pregunté: “¿Qué haces tú con un pico y una pala?- Es que las estoy rifando, me contestó. ¿Y esa caja de aspirina que llevas colgada? Esta no se rifa, es para regalársela a quien le toque el premio”, respondió con una sonrisa maliciosa. Y así siguió caminando por las céntricas calles de Jerez haciendo las delicias de la gente con las que se tropezaba.

         Acostumbraba también a ir algunas veces a la Bodega Domecq en la que ejecutaba algunas de sus ocurrencias, hasta que llegó un momento que aquello llegó a molestar a alguno de sus directivos dando orden al portero de que no volviera a dejarlo pasar. Y así cuando otro día volvió, el portero le dijo que no se le ocurriera dar un solo paso para dentro. El Varilla da media vuelta y, cuando parecía que se había marchado, vuelve tras sus pasos, se pone justo en el dintel de la entrada, levanta su pierna derecha, la extiende, traspasa con ella el límite de la entrada y, un centímetro antes de que su pie posara en el suelo se vuelve bruscamente, retrocede dos pasos, le hace un corte de manga al portero y le dice: “¿Ves como entraba?”

         Pasó algún tiempo sin que nadie volviera a verlo, decían que su madre había muerto, y que al no tener quien lo cuidara, lo había recogido en el Albergue de San Álvaro[1]. Pasaron varios meses, quizás un año, cuando nuevamente se volvió a ver al Varilla por las calles, pero ya no era el borrachín simpático y bonachón que habíamos conocido antes, era un vagabundo sucio y enfermo, ya no inspiraba risa o alegría, sólo una gran tristeza. El Albergue de San Álvaro había cerrado sus puertas por falta de recursos y el Varilla se había quedado en la calle en el más completo abandono. Dormía en cualquier rincón, pedía limosna y bebía para olvidar. Varias semanas después, sería allá por el año 1976, cuando una mañana lo vi tirado en la puerta del viejo Hospital de Santa Isabel. El pobre al sentirse muy enfermo encaminó sus pasos a este centro sin saber que un año antes lo habían cerrado. A la puerta de su entrada tapiada encontré al Varilla tendido. Fui a un bar cercano por un vaso de leche, se lo di a tomar y llamé a continuación a la policía municipal.

         Cuando ésta llegó, lo subieron al coche patrulla para trasladarlo a algún centro benéfico. Ya en el vehículo le dije a los agentes: cuídenlo, cuídenlo con todo cariño, pues, además de un ser humano es parte de Jerez, tanto como la torre de la Colegial o las palmeras de plaza del Arenal. Pocos días después supe que el Varilla había muerto en el Hospital de Mora de Cádiz, Su figura y sus ocurrencias quedaron para siempre en el recuerdo de todos aquellos que le conocimos.

De mi libro: La historia pequeña de Jerez de la Frontera
Foto: Cristóbal Iglesias, por gentileza de Antonio Valenzuela Sorroche y Francisco Frías Reyes





[1] Era un centro municipal radicado en calle Bodegas, asilo de indigentes sin hogar.

El vino de Jerez en tiempos remotos

Las distintas variedades de cepas silvestres distribuidas a lo largo del Mediterráneo y en otros lugares de clima templado son las que dieron lugar a numerosas plantaciones de viñedos en estas mismas regiones. No se puede decir que la vid sea originaria de España ni tampoco sabemos a ciencia cierta quienes la introdujeron. El escritor romano Rufo Avieno escribió un libro de viajes titulado: Ora Marítima  en el que da cuenta de las peculiaridades de las tierras que rodean al Mediterráneo y el litoral Atlántico entonces conocido. Dice que fueron los fenicios quienes fundaron Cádiz (Gades) y Jerez (Xera) hacia el año 1.100 a.C. y que trajeron vides procedentes de la tierra de Canaam. Otros autores afirman que cuando los fenicios llegaron a nuestra zona  ya encontraron un vino mejor que el que ellos consumían. Lo cierto es que, como queda patente en diversas excavaciones arqueológicas tales como las del poblado fenicio de Doña Blanca entre Jerez y El Puerto de Santa María, desde la época fenicia se pueden observar depósitos domésticos en el subsuelo de algunas de las  viviendas que utilizaban para almacenar aceite y vino.

Cuando los romanos llegaron a nuestra tierra encontraron numerosas plantaciones de viñedos. En la tríada mediterránea, el trigo, el aceite y el vino fueron los productos básicos de la explotación agrícola, aunque varios edictos imperiales restringieron el cultivo de la vid a fin de favorecer la exportación los vinos producidos en la península itálica en detrimento de los de Hispania. Tan sólo se libraron de su destrucción las viñas béticas, así el vino producido en Ceret llegó a ser muy apreciado en la capital del imperio, por lo que era exportado por vía marítima en enormes ánforas de barro cocido. Vinum Ceretanum, Vinum Gaditanum y Vinum Hastense se documentan en diversas inscripciones. Por ello no es de extrañar que en los distintos yacimientos correspondientes a villas o cortijos  de ese tiempo también se hayan encontrado depósitos subterráneos y restos de ánforas para el almacenamiento de vino.



            La obra escrita más antigua que sobre el cultivo de la vid y la crianza del vino en nuestra tierra data precisamente de la época  romana. El tribuno y agrónomo Lucio Junio Moderato Columela se ocupa de ello en su tratado Sobre la agricultura. Desde entonces han sido muchas las obras y referencias históricas que sobre este tema se han ido conociendo hasta llegar a nuestros días. En la España visigótica, San Isidoro de Sevilla cita en el año 634 de nuestra era en su obra De Laude Hispania doce clases de uvas destinadas a la mesa del rey.  La actividad vitivinícola en la actual zona del “jerez” no cesó ni tan siquiera durante los casi seis siglos de dominación musulmana. Se sabe que durante todo ese tiempo se siguió cultivando la vid, oficialmente para comer su fruto o para la elaboración de pasas, dado la prohibición coránica a los creyentes del consumo de alcohol, aunque se tiene la certeza de que también en  dicha época se elaboraba vino; es más: la palabra “al-ambiq” proviene de la lengua árabe, y claro está que un alhambique sólo sirve para destilar alcohol (“al-kohl”). En el siglo XII existen ya pruebas documentales de embarques de vinos desde Jerez a la Britania del rey normando Enrique I  siendo ellos los que venían a buscarlos a nuestras costas.

El pozo de la víbora

Pozo de la Víbora en tiempos pasados. 
Archivo Natividad Pérez
Muy antiguas son las referencias a este pozo situado al exterior de la antigua Puerta de Rota de la vieja muralla, lugar conocido como Picadueña Baja. Tan antigua son las noticias que ya a mediados del siglo XV en las actas capitulares se cita un pozo situado en esta zona en el sentido de  su reparación. Por su parte el historiador Luis de Grandallana en su obra Monumentos de Jerez nos habla en 1885 de una mina o galería que desde la Torre de Riquelme llegaba hasta el Pozo de la Víbora.

         Dicho pozo, actualmente cegado por estar en el área de un colegio, dio popularmente su nombre a toda la zona de su entorno. Una extraña denominación que dio lugar en tiempos pasados a toda clase de leyendas, historias, crímenes y suicidios. A ser sinceros, desconocemos el origen del apelativo  “de la víbora” En principio podría ser por haberse encontrado por allí algún ejemplar de este reptil venenoso, aunque es difícil que ello ocurriera, ya que la mayoría de este tipo de serpiente se da en el norte de la península, solamente hay una de ellas que habita al sur, y lo hace en zonas arbóreas. Pero en fin, no es raro que alguna inofensiva culebra por las inmediaciones del pozo apareciera y la gente pensara que era peligrosa víbora.

         Y ahora vamos a la leyenda, y decimos leyenda porque el hecho de desconocerse a ciencia cierta si la historia que vamos a relatar y que dio origen al nombre del pozo que aludimos ocurrió en realidad.


         La tradición popular cuenta, sin que se sepa cuándo,  que una mujer soltera y con dos hijos fruto de relaciones ilícitas se enamoró perdidamente de un hombre, el cual prometió desposarla con la condición que debería deshacerse de sus dos pequeños hijos, dándolos en adopción a alguna familia o dejarlos en una inclusa. Como la mujer no encontró quien se hiciera cargo de los niños, no vio otra solución que arrojarlos al pozo donde las pobres criaturas se ahogaron. Al día siguiente la mujer fue a ver al novio, y éste le preguntó que dónde había dejado a los niños. Ella le contestó que no había encontrado a nadie que se hiciera cargo de ellos y por lo tanto los había arrojado a un pozo. El hombre horrorizado al oír aquello fue inmediatamente a denunciar el hecho a la autoridad. Los cadáveres de los niños fueron sacados del pozo y la mujer apresada, juzgada y ejecutada. ¿Mito o realidad? nunca lo sabremos. Lo cierto es que una víbora con forma de serpiente o de mujer quedó reflejada para siempre en este lugar.

Emilio "El Guardia"

Cuando nos creemos que esta sociedad moderna es una sociedad de personas libres, a veces me pregunto que dónde está esa libertad.  Y es que si lo pensamos bien veremos que son muchas las cosas que esclavizan al hombre moderno, porque los cauces donde discurre nuestra libertad son tan estrechos que a veces nos ahogan. Somos esclavos del trabajo, de la hipoteca, de la electrónica, de los bancos, de los hijos, de nuestras ambiciones, de nuestra rutina, del dinero, del que dirán, de las normas, de las prohibiciones, de las leyes y hasta del propio Estado.

            Sólo he conocido en toda mi vida a un hombre completamente libre, y este hace poco nos ha dejado para siempre. Fue Emilio Guerrero Lozano, más popularmente conocido como Emilio "El Guardia”. A pesar de su discapacidad tuvo la dicha de vivir libre como los pájaros, su libertad sólo tenía una frontera, la que marca en casco histórico de Jerez. Hacía lo que le gustaba y quería, disfrutaba del cariño de la gente y le importaba un pimiento tantas y tantas cosas que a los demás nos preocupa y aflige.

¿Quién no vio alguna vez a ese hombre con guantes blancos y  silbato encabezando cualquier procesión, cabalgata o desfile por las céntricas calle de Jerez? era Emilio “El Guardia”. Creo que pocos han sido ajenos a la figura de este hombre, muy metido en su papel de policía, serio como corresponde a su interpretación, vestido de corbata y traje gris, e indicando a la gente que se aparten y abran sitio porque llega el desfile procesional.

            Emilio, personaje entrañable donde los haya, nació allá por el año 1936. Según decía su hermana Luisa, a su madre, cuando estaba embarazada se le presentó una apendicitis aguda, por lo que hubieron de operarla de urgencia en el Hospital de Santa Isabel. La falta de medios en aquellos tiempos y lo rudimentaria de la anestesia a base de éter o cloroformo pudo causarle al feto alguna lesión cerebral irreparable. Aunque al nacer fue bautizado, al llegarle la edad en la que los niños hacen su primera comunión, nadie lo consideró capacitado para ello, por lo que tardaría en hacerla nada menos que 57 años, creo que ha sido el bautizado que la hizo con mayor edad.

            La vocación de guardia le vino al bueno de Emilio desde muy lejos, ya que cuando sólo tenía diez años de edad se solía poner junto a los guardias municipales que dirigían el tráfico y los imitaba. Un día de procesiones le cogió a su hermano mayor, que estaba haciendo la mili, sus guantes blancos del uniforme y se los colocó. Ya desde entonces esta prenda fue para él un inseparable símbolo de “autoridad” a la hora de prestar sus servicios en la vía pública.

            En cierta ocasión, y tras haber realizado su habitual labor encabezando los desfiles un día de Semana Santa, llegó a su casa más contento que unas pascuas, traía en el bolsillo un billete de 20 duros que le había dado como gratificación nada menos que Álvaro Domecq, a la sazón alcalde de la ciudad. Aquello fue para Emilio igual que el primer sueldo de un primer trabajo. Desde entonces ya se consideró como un miembro más de la plantilla de la guardia municipal.

Pero no sólo lo veíamos encabezando desfiles, sino que además hubo una época en la que cuando veía coches mal aparcados se indignaba y les ponía un papel en el parabrisas a modo de multa. Algo que también llamaba la atención era cuando Emilio, “escoltando” la custodia del Corpus, a su paso por las calles hacía un enérgico gesto con las manos como queriendo decir: ¡arrodíllese, arrodíllese!. Incluso llegó una vez a quitarle el sombrero de un manotazo a uno que no se había descubierto al paso del Santísimo como manda el respeto. Desde luego que no ha habido en Jerez un guardián voluntario más fiel y eficiente. Por ello, el 27 de marzo de 2007, la Asociación Santo Ángel de la Policía Nacional le rindió un emotivo homenaje en el que se le impuso una medalla con esta grabación: “Por muchos años de servicio en su condición de “Emilio el Guardia”. Emilio fue un personaje muy popular y querido por todos. Su popularidad llegó incluso a traspasar fronteras cuando, en agosto de 2011, la revista corporativa de la compañía aérea Vueling publicó en inglés una amplia semblanza de nuestro simpático, único e irrepetible Emilio “El Guardia”, ahí es nada.

El 14 de agosto de 2016 Emilio el Guardia se marchó para siempre a otro lugar, a esos espacios infinitos donde reina el Creador. Y aquí en su ciudad dejó para siempre el recuerdo de una figura única e irrepetible que permanecerá eterna en el corazón de todos aquellos que le conocimos. Una figura tan jerezana como el Gallo Azul o las palmeras de Plaza del Arenal .

En la foto: con Pepe Castaño, Emilio "El Guardia y Manolito "El del Huerto"


Paseando por la historia

       
Con  la tranquilidad y el sosiego que otorga un tiempo en el que ya la vorágine laboral de la vida desapareció para siempre a causa de una merecida jubilación, trato a veces, paseando sin prisas, redescubrir y rememorar por sus viejas calles algunas cosas de este nuestro amado Jerez, de sus hombres preclaros, de sus monumentos, de su historia, de sus aconteceres…

            Ello me llevó hace poco a admirar nuevamente el primoroso ventanal plateresco esquinado de la antigua casa de los Ponce de León en  Carpintería Alta. Creado en 1537 al parecer por un alarife llamado Francisco Álvarez, en la parte inferior del mismo, si nos fijamos, aparecen dos curiosas leyendas: omnia pretervnt preter amare devm (Todo perece excepto el Amor de Dios) y vanitas vanitatvm et omnia vanitas (Vanidad de vanidades y todo vanidad). Leyendas en estas centenarias piedras que ciertamente hacen meditar.
            A continuación, justo enfrente, me asomé al atrio del convento de Santa María de Gracia con la intención de comprar a través del torno un pequeño surtido de sus exquisitos dulces navideños. Un convento de  monjas agustinas fundado en 1526 gracias a la generosidad de una dama de nombre Francisca de Trujillo, la cual donó su casa y otros bienes para fundar el mismo. Me vino entonces a la memoria un hecho insólito que ocurrió en el año 1784, cuando un grupo de catorce monjas, sin que nunca se llegaran a conocer las causas, se rebeló contra la madre abadesa, a la que tras quitarle el báculo y las llaves, salieron en procesión hasta el Convento de San Cristóbal donde permanecieron refugiadas durante más de un año, se supone que hasta la destitución de la abadesa por parte de la autoridad eclesiática.

            Llevado por los sueños continué hacia San Juan de los Caballeros, donde en mi imaginación traté de revivir la historia de aquellos adalides, también llamados Caballeros 24, que en la capilla de la Jura, allá por el año 1285, escribieran con la sangre de sus venas una misiva al rey Sancho IV el Bravo pidiéndole socorro ante el asedio sarraceno que había sido impuesto a Jerez.  Socorro que llegó a tiempo de impedir aquella grave amenaza que se cernía sobre nuestra ciudad.
           
Pasé luego junto a la iglesia de Santiago el Mayor, símbolo y emblema de ese arrabal del mismo nombre, cubierta andamios y vallas, con la esperanza que algún día pueda volver a lucir todo su gótico esplendor. Ruina que, como ahora, sufrió este templo en varias ocasiones, la primera en 1695 con el hundimiento de su nave central. Otros graves deterioros los sufrió también a lo largo del siglo XIX, hecho que volvió a ocurrir a mediados del XX, y por último en nuestros días (1). Casualmente y coincidiendo con el hundimiento habido en Santiago en 1695 fue cuando se iniciaron las obras para la construcción de nuestra Catedral. Obra que se paró ese mismo año al poco de comenzar, reemprendiéndose diecisiete años después gracias a una donación de cien mil pesos por parte del Arzobispo de Sevilla, Mons. Arias, el cual legó además en su testamento otros doscientos mil que nunca se pudieron cobrar.

            Luego, al llegar a la calle de la Sangre me detuve ante la capilla del antiguo Asilo de San José, para contemplar sobre el dintel de su puerta la réplica de un valioso altorrelieve del siglo XIII, cuyo original se encuentra depositado en el Museo Arqueológico. En el mismo representa al Señor saliendo victorioso del sepulcro con uno de sus pies sobre el sicario que lo custodiaba. No pude entonces dejar de recordar una efeméride, tal fue la heroica batalla que tuvo lugar en 1909 en los campos de Taxdirt al sur de Melilla, librada por el 4º Escuadrón del Regimiento de Cazadores Alfonso XII con guarnición en Jerez contra los insurrectos indígenas. En memoria de dicha gesta y el regreso de  aquella unidad a nuestra ciudad, dado que a la sazón se había iniciado la construcción  el hoy desaparecido cuartel de Caballería de Tempul, se rotuló esta calle con el nombre de dicha batalla y en recuerdo de aquellos valientes jinetes.
Otra de estas mañanas navideñas, contemplando en nuestra Plaza del Arenal esos poco favorecidos y anodinos edificios construidos en las dos esquinas de la Lancería allá por los años sesenta, así como el precioso reloj de Losada escondiéndose tras un árbol como avergonzado que la gente lo vea sin vida, me vino a la mente el trágico suceso acontecido en este arenal el 25 de agosto de 1664. Resulta que acuartelados en su paso por Jerez con destino a Portugal de un tercio compuesto por 1.400 soldados de alemanes al mando del conde Porcia, ocurrió un grave altercado con unos carreteros locales por cuestión del agua para las caballerías. Comenzó por ello una gran discusión y varios soldados tudescos maltrataron a un carretero, saliendo en su defensa varias docenas de jerezanos a los que se enfrentaron otros tantos alemanes. A la vista del cariz que estaba tomando la situación, un hombre subió a la torre del reloj de San Dionisio y tocó arrebato. En pocos minutos acudieron centenares de jerezanos y otros tantos soldados alemanes. Fue tan feroz y enconada la pelea que en la plaza quedaron como cuenta la historia, no sé si exagerado, más de cuatrocientos muertos y heridos entre soldados y locales. Como consecuencia de estos sucesos el rey Felipe IV envió a Jerez un delegado especial con la misión de esclarecer lo sucedido y castigar a los culpables. El asunto estuvo a punto de costarle a nuestra ciudad el título de “Muy Noble y Muy Leal”.

Después me senté reposadamente a tomar un café en el Consistorio. En una mesa contigua oí a unos agricultores lamentándose no haber podido sembrar a causa del tiempo que llevaba sin caer una gota de agua, y lo poco que habían sembrado estaba ya al límite de perderse. Entonces recordé la costumbre de sacar en procesión al Cristo de las Aguas de San Dionisio en rogativas por la lluvia, en la que siempre el inolvidable cura Bellido portaba un paraguas por si acaso aquello daba resultado. También recordé lo que relata el historiador Sebastián Marocho en su crónica “Cosas notables ocurridas en Xerez de la Frontera” cuando el domingo 2 de febrero de 1672 llovió tanto en Jerez que la gente que estaba en las misas no pudieron salir de los templos por las grandes inundaciones, cosa que obligó a los frailes de Santo Domingo a dar de comer a los asistentes a la misa. A este respeto cuenta también el citado historiador que, en 1656 en el entierro de la hija de un Villavicencio, llovió tanto y tan fuerte que para el sepelio de la difunta en lugar de trasladar el féretro a hombros como era costumbre,  hubo de utilizarse un coche de caballos de los pocos que había por aquel entonces en Jerez. Consignando este hecho como un acontecimiento local, ya que fue la primera vez que ello se hacía de ese modo.

Ya de vuelta, en lugar de tomar por Plateros, lo hice por la calle de atrás, por la de Chapinería, donde parece ser que en una tienda allí situada se vendió por primera vez tabaco en Jerez, ello fue en 1655. Es de suponer que en principio aquel negocio tuviera poca clientela, poco más o menos como las diversas tiendas para la venta de cigarrillos electrónicos que no hace mucho proliferaron en Jerez, las cuales en su mayoría han cerrado o cambiado de actividad.

También por aquel tiempo llegó a Jerez desde las Américas un producto que con el tiempo gozaría de gran favor entre la gente. Se trataba del chocolate, y fue precisamente  a parar en un principio al convento del Espíritu Santo. Bebida de los cielos que vino a sumarse a las exquisitas bizcotelas que las monjas elaboraban allí al menos desde el siglo XVII. Años más tarde se establecerían en Jerez las llamadas chocolaterías, antecesoras que fueron de las  botillerías o cafeterías, de las que fueron pioneras en nuestra ciudad, ya en el siglo XIX, La Junquera, La Veracruz  o el Café del Conde.

Y así termino por hoy este paseo por el desván de los perdidos recuerdos en un soleado día de invierno que más bien parecería primavera, a no ser por las pardas hojas que tapizan las calzadas de esta viejas calles y plazas que tienen vida y tienen alma, que guardan secretos, aconteceres e historias bajo los claros resplandores de otros cielos, de otros tiempos, de otros amaneceres, de otros ocasos, de otras noches estrelladas.                                        (1) El templo de Santiago fue de nuevo abierto al culto tras once años cerrado y una costosa rehabilitación el 23 de julio de 2016


SIGNIFICADO Y ORIGEN DE ALGUNOS DICHOS POPULARES ESPAÑOLES




Babia, palacio de Riolago

ANCHA ES CASTILLA. Obrar con total libertad. En los tiempos de la
Reconquista, los desolados campos castellanos eran el sitio perfecto
para iniciar un negocio.
 EL BAILE DE SAN VITO. Enfermedad infecciosa convulsiva que afecta a
los niños. Se rezaba a este santo, que también sufrió convulsiones,
implorando la curación.
EL CHOCOLATE DEL LORO. Una familia aristocrática que quiso reducir
gastos llegó a la conclusión de que sólo se podía ahorrar la ración de
chocolate del loro.
 EL PATIO DE MONIPODIO. En Rinconete y Cortadillo, de Cervantes, el
jefe del hampa sevillana recibía allí a los nuevos ladrones.
ENTRE PINTO Y VALDEMORO. Hace siglos en Madrid se bebía vino de las
localidades de Pinto y Valdemoro. La expresión significa estar
indeciso (al elegir entre los dos vinos) o borracho (elegir los dos).
 ESTAR A LA LUNA DE VALENCIA. El dicho se aplicaba antiguamente a la
gente que tenía que dormir fuera de las murallas de la ciudad por
llegar tarde.
ESTAR EN BABIA. La comarca leonesa de Babia era el lugar al que iban
los reyes de León a descansar. Cuando el rey estaba en Babia, no
quería saber nada de la corte.
 ¡ESTO ES JAUJA! Es el nombre castellano de un Valle andino
conquistado por Pizarro en lo que hoy es Perú, famoso por su clima
benigno y la riqueza de su suelo.
GATO ENCERRADO. Los gatos eran bolsas para guardar el dinero que se
llevaban encerradas, es decir, ocultas entre la ropa.
IRSE DE PICOS PARDOS. Antiguamente la ley obligaba a las prostitutas a
vestir un jubón con picos o ribetes de color pardo.
LA CARABINA DE AMBROSIO. Era un bandolero andaluz del siglo XIX, tan
inofensivo que su carabina ni siquiera tenía pólvora.
LA CUADRATURA DEL CÍRCULO. Famoso problema irresoluble que, sin
embargo, generó en el pasado abundante literatura.
 LA SOPA BOBA. La que daban a los pobres en los conventos. Hoy, vivir
de la sopa boba es llevar una vida a expensas de otros.
LLEVAR AL HUERTO. Se dice desde que la Celestina consiguió llevar a
Melibea al huerto en que esperaba Calixto.
LOS AMANTES DE TERUEL. Leyenda del siglo XIII que narra el amor
imposible entre Juan Diego Martínez de Marcilla e Isabel de Segura.
Varios autores, como Tirso de Molina, la recogieron en sus obras. Se
suele añadir la coletilla "tonta ella y tonto él".
MÁS "CORNÁS" DA EL HAMBRE. Respuesta del torero Manuel García, El
Espartero, cuando le preguntaban si no temía arriesgarse tanto en la
plaza. Murió de una mala corná. También se le atribuye a Manuel Benítez el Cordobés
MÁS FEO QUE PICIO. En el siglo XIX, Picio fue un zapatero granadino
condenado a muerte que, de pronto, fue indultado. De la impresión,
perdió pelo, cejas y pestañas y se convirtió en paradigma de fealdad.
 MENOS LOBOS. Un andaluz llamado Pinto decía haber visto una manada de
l00 lobos. Sin creer el relato, sus amigos le decían "¡Menos lobos,
tío Pinto!". El hombre fue rebajando la cifra hasta reconocer que sólo
había visto la cola de un animal.
MOROS EN LA COSTA. Divulgaron el dicho las milicias populares que se
dedicaban a frenar los ataques de los piratas berberiscos.
¡NARANJAS DE LA CHINA! Se usa para negar lo que otro acaba de afirmar.
Viene de la época en que el pueblo no creía que las naranjas
procedieran de tan lejano lugar.
NO SE GANÓ ZAMORA EN UNA HORA. Se ganó en siete meses. Los que estuvo
la ciudad asediada por Sancho II, que fue traicionado al final por
Bellido Dolfos. La ciudad volvió a manos de la reina Doña Urraca.
PARÍS BIEN VALE UNA MISA. Se supone que lo dijo el rey francés Enrique
IV (1553-1610), en el momento de convertirse al cristianismo para
poder ganar el trono.
 PASAR UNA NOCHE TOLEDANA. No poder dormir, según Covarrubias, porque
en Toledo, en tiempo de verano, los mosquitos persiguen a los
forasteros, que no están prevenidos de remedios como los demás.
PELAR LA PAVA. Una dueña andaluza mandó a su criada desplumar una
pava. Ésta, junto a la reja de una ventana, lo hacía a la vez que
hablaba con su novio.
 POR LOS CERROS DE ÚBEDA. Femando III el santo esperaba a un caballero
que iba a ayudarle con sus huestes a tomar, la ciudad jienense. Este,
con pocas ganas de guerra, llegó tras la conquista diciendo que se
había perdido por los cerros.
 PONER UNA PICA EN FLANDES. Se dice cuando algo resulta muy difícil de
lograr. En tiempos de Felipe IV era casi imposible encontrar reclutas
que quisieran alistarse en los Tercios de Flandes y que, por tanto,
tomaran la "pica" o lanza de los soldados.
 QUEDARSE SIN BLANCA. La blanca era una moneda castellana de plata,
acuñada por primera vez en tiempos de Pedro I (1334-1369).
QUIEN FUE A SEVILLA PERDIÓ SU SILLA. En el siglo XVI, el arzobispo de
Sevilla cambió su puesto a su sobrino, arzobispo de Santiago, que era
incapaz de dominar la ciudad gallega. Cuando quiso volver a su tierra,
el sobrino se negó a cederle su puesto.
 ROMA NO PAGA TRAIDORES. En el siglo II a.C., el cónsul Marco Pompilio
sobornó a los enviados de Viriato y logró matar al rebelde, pero nunca
pagó a los traidores.
ROMPER UNA LANZA. Se supone que a favor de alguien. Así hacían los
caballeros en las justas medievales para defender el honor de otra
persona.
 SABER MÁS QUE EL MAESTRO CIRUELO. Célebre preceptor de Felipe II y
catedrático de Teología en Alcalá de Henares.
SALGA EL SOL POR ANTEQUERA. Se usa para mostrar despreocupación por el
asunto. En la toma de Granada, en 1491, se decía como equivalente a
"salga el sol por donde salga". El sol no sale por Antequera, que está
al oeste de Granada.
 ¡SANTIAGO Y CIERRA ESPAÑA! Grito de guerra español. Se dice que
Santiago apóstol dirigió a los cristianos en la batalla contra
Abderramán II. Cerrar, en castellano antiguo, era embestir, atacar al
enemigo.
SE ARMÓ LA DE SAN QUINTÍN. En esta batalla (1557), el Ejército español
entró en Francia desde Flandes y aniquiló al francés, pero perdió a la
vez muchos hombres.
 TODOS A UNA, COMO EN FUENTEOVEJUNA. Como relató Lope de Vega, en este
pueblo cordobés la gente se unió para matar al Comendador, autor de
muchos agravios.
¡VIVA LA PEPA! Grito de los liberales aludiendo a la Constitución de
1812, aprobada el 19 de marzo (San José) en Cádiz, cuando los franceses
prohibieron vitorearla en público.


Leyenda de la imagen de la Virgen de Consolación


           


Nuestra Señora de Consolación
Una bella capilla que se sitúa en la intercesión de las dos naves del Real Templo de Santo Domingo de Jerez de la Frontera, en la que habitualmente se celebran las misas y demás ceremonias religiosas, ya que es el único lugar donde existe visibilidad total desde cualquier ángulo de este templo cuya planta tiene forma de T, es la Capilla de Consolación.
Su capilla
            Dicha capilla se construyó en 1537 a expensas de un noble jerezano llamado Jácome Adorno, siendo realizada por Pedro Fernández de la Zarza, alarife que tan magníficas intervenciones tuvo acerca de la construcción del templo de San Miguel por esa misma época como es su incomparable Capilla del Socorro. El interior de la Capilla de Consolación es un espacio barroco que puede contarse entre los más interesantes de la ciudad. Fue remodelado en los años setenta del siglo XVIII, realizándose el actual retablo para la imagen de la Virgen de Consolación a cargo del gran tallista jerezano Andrés Benítez. En cuanto a la imagen de la Virgen, motivo y eje central de la capilla, es una obra gótica de pequeño tamaño realizada en alabastro en el siglo XV, la cual se muestra sobre un trono de plata del siglo XVIII, tirado por dos bueyes. Un escudo de piedra, blasón de los Adorno, preside la parte superior de fachada de la capilla de Consolación, así como otros dos en cada enjuta del arco de dicha fachada,  ello indica inequívocamente  el patronazgo de esta familia sobre la capilla.
                Hasta aquí una breve descripción del lugar donde se venera esta advocación de la Virgen María co-patrona de la ciudad de Jerez y patrona de la abogacía jerezana de encendidas devociones a lo largo de la historia,  y que en épocas pretéritas era sacada en procesión cada 8 de septiembre  en su festividad.  En los tiempos modernos solamente la hemos podido verla salir en procesión el 20 de abril de 2013 con motivo de aquella magna celebración mariana denominada “Vía Lucis”
La leyenda
Ahora vayamos a la interesante leyenda sobre la que se basa la llegada a Jerez de dicha imagen. Como en cualquier otra leyenda, en ésta puede haber una base cierta a la que la fantasía popular a través de los años fue poniendo aditamentos más o menos fantásticos los cuales, mediante la tradición oral, se transmitieron de generación en generación hasta convertirse en creencia. Y este es el caso de la imagen de Nuestra Señora de Consolación.
La leyenda cuenta que, a mediados del siglo XV, por aguas del Mediterráneo y con rumbo a España navegaba un noble caballero genovés llamado Doménico Adorno. A caer la noche en el golfo de Rosas frente a la costa catalana, se levantó un horrible huracán que desarboló la nave dejándola a la deriva a merced del viento y de enormes olas. Los tripulantes del barco viéndose perdidos en la tempestad se encomendaron a la Virgen María, rogándole les salvara de aquel peligro extremo. Momentos después divisaron en la lejanía un vago resplandor que lentamente se acercaba a ellos. A medida que hacia la embarcación avanza aquella luz la violencia de las  olas fue perdiendo fuerza e intensidad. El temporal amaina y pronto pueden distinguir dos luces que suavemente se deslizan por el mar hasta llegar al costado del barco. Entonces echan un bote al agua y, al entrar en contacto con las luces, vieron asombrados una pequeña imagen de la Virgen. Doménico Adorno cogió la imagen entre sus brazos, subió a su nave y, entre aclamaciones de la tripulación, entrega a la Virgen el gobierno del barco y todos se van a descansar. Extenuado, Adorno queda profundamente dormido oyendo en su sueño a la Virgen que le dice: “Llévame a Xerez, al convento de los frailes predicadores que voy para consuelo de los jerezanos”.
Al clarear el día, los marineros despiertan y observan asombrados que en tan pocas horas los vientos y las corrientes habían arrastrado la nave inexplicablemente hasta la desembocadura del Guadalete en Puerto de Menesteo, hoy Puerto de Santa María. Desembarcan, y desde allí la imagen de la Virgen fue conducida a Jerez en una humilde carreta tirada por dos bueyes.
Pintura mural en la capilla de Gracias que representa
 la leyenda de la Virgen de Consolación
La llegada a Jerez 
Al llegar a la Ermita de Guía hizo alto el cortejo y Doménico Adorno procedió a colocar la imagen en el altar de su capilla, comunicando a continuación a la ciudad la nueva de la milagrosa visita. Preguntó quienes eran los frailes predicadores y le dijeron que los franciscanos se dedicaban a la predicación. Poco después llegó a la Ermita parte de la comunidad de franciscanos acompañada del Cabildo y numeroso público con la intención de llevarse la imagen al convento franciscano. Cosa que no fue posible ya que de ninguna manera pudieron mover la imagen del lugar donde estaba colocada.
Los dominicos, a los que más tarde llegó la sorprendente  noticia, acudieron también a la ermita. Después de orar postrados ante la imagen, fácilmente pudieron trasladarla a la carreta para conducirla a su convento. Pero como los ánimos de la gente no estaban a favor que la Virgen se fuera a Santo Domingo, lo frailes optaron por una sabia solución: dejar a los bueyes que libremente caminasen y fueran donde la voluntad de la Virgen les condujera.
Pasaron por varios templos sin que en ninguno parasen lo bueyes. Pero al llegar a Santo Domingo los animales se detuvieron instintivamente sin que fuese posible que dieran un paso más a pesar de los esfuerzos realizados para conseguirlo. De este modo los padres dominicos recibieron la bendita imagen entre aclamaciones y júbilo del numeroso público que presenciaba la escena. De esta manera la venerada imagen fue colocada en una capilla existente en el mismo lugar en el que se encuentra actualmente.
De encendidas devociones
En el siglo XVI un descendiente de Doménico Adorno, Jácome Adorno, mandó edificar a sus expensas la capilla en la que actualmente se encuentra. Ya que la devoción a esta imagen  se difundió rápidamente y gracias a su mediación se conocieron numerosos favores, en especial la curación de enfermos, sequías, epidemias o liberación de cautivos, hechos por los que en el año 1.600 fue votada como co-patrona de Jerez junto a la Virgen de la Merced. Tanto creció la devoción del pueblo jerezano hacia Nuestra Señora  de Consolación que pronto hubo de ampliarse la nave del Rosario, la que da a la Alameda Cristina, hasta las dimensiones que actualmente posee, derribándose previamente una qubba almohade allí existente. Posteriormente, en el siglo XVIII, se labró la hermosa fachada renacentista que da ingreso a este ala del templo dominicano.
Santo Domingo, portada de Consolación
Cuentan las crónicas que en octubre 1823 durante su estancia en Jerez del Rey Fernando VII y su esposa María Josefa de Sajonia, ambos acudieron al convento de Santo Domingo para orar y oír misa en la capilla de la Virgen del Rosario, teniendo ocasión de ver y admirar la imagen de  la Ntra. Sra. de Consolación que, por su pequeño tamaño y belleza, llamó poderosamente la atención de la soberana. Cuentan que la reina la miró y admiró cogiendo en sus manos la imagen con su corona de oro y diamantes, pero que sobre todo le hicieron mucha gracia los bueyes y la carreta de plata sobre la que se asienta.
Una historia, en parte leyenda y en parte realidad, pero lo cierto es que coincide en lo sustancial: Doménico Adorno trajo la sagrada imagen a Jerez desde su Génova natal. Una imagen que llegó a convertirse en un gran foco espiritual para los jerezanos, motivo incluso de peregrinaciones venidas de lugares alejados. Como decía en cierta ocasión nuestro buen amigo Eduardo Velo, una historia que habría que hacer revivir para todos aquellos que buscan consuelo en sus aflicciones, para que las nuevas generaciones no olviden que en Jerez existe una Virgen pequeñita pero con una devoción histórica muy grande.

Antonio Mariscal Trujillo


Doña Blanca de Borbón


Posiblemente sean muchos los que sepan que la populosa y comercial calle Doña Blanca de Jerez debe su nombre a la desventurada reina doña Blanca de Borbón, esposa que fuera del rey Pedro I el Cruel, la cual fue mandada asesinar por su esposo y enterrada en la cercana iglesia de San Francisco. Pero quizás sean menos los que conozcan la historia, por ello nos vamos a permitir ocuparnos de este hecho.
Existen algunas divergencias sobre la vida y el triste fin de aquella desgraciada reina que encontramos en las distintas fuentes que tratan este tema. Hemos consultado diversas obras como: Historia de Jerez y de los reyes que la dominaron del Padre Rallón, Monumentos de Jerez de Grandallana, Historia de Jerez de Adolfo de Castro, Crónica del rey Don Pedro de López de Ayala, Historia de Jerez de Bartolomé Gutiérrez o Historia del Alcázar de Jerez de Fernando Monguió, así como algunos  artículos de prensa histórica y de Wikipedia al objeto de exponer aquí algunos apuntes que nos acerquen de forma clara y a la vez concisa sobre este interesante hecho histórico sucedido en  nuestra ciudad.
Casamiento y reclusión
            El rey Pedro I llamado el Cruel por unos y el Justiciero por otros, nacido en 1334, fue hijo de Alfonso XI a quien sucedió en 1350. En 1353 contrajo matrimonio con doña Blanca de Borbón y Valois, una de las siete hijas del francés Duque de Borbón, a la cual abandonó a los tres días de la boda entre gran escándalo de la Corte. Aunque no está claro los motivos de este proceder, todo apunta a que el monarca después de haber recibido una sustanciosa dote por parte del padre de la novia, seguía estando enamorado y mantenía relaciones con doña Isabel de Padilla, al parecer consentidas por el marido de ésta don Alfonso de Alburquerque.
            Reseñan los historiadores que Doña Blanca era mujer hermosa, blanca, rubia, esbelta, de buen donaire y con la alegría y el candor de sus 18 años de edad. De nada le sirvió a aquel monarca el pudor y candor de su joven esposa, dado que a los tres días la abandonó para seguir sus amoríos con Isabel de Padilla, empeñándose en repudiar a su legítima esposa recluyéndola en el Castillo de Arévalo donde comenzó su calvario. Por defenderla públicamente el obispo de Segovia tuvo que exiliarse en Portugal. Inútil fue la mediación del Papa, quien influenciado por el Cardenal de Bolonia solicitó la libertad de la reina al rey don Pedro. Ello provocó que para mayor seguridad ordenase que Doña Blanca fuese trasladada al Castillo de Sidueña, conocido por dicha causa como Castillo de Doña Blanca. Tiempo más tarde la reina sería recluida en el Alcázar de Jerez donde terminarían sus días.
Del cautiverio a la muerte
            Cuenta la historia que conociendo el rey las censuras de los nobles de la corte y los romances que hacían los escritores en contra del martirio que sufría Doña Blanca, encargó a su médico privado que la envenenase, hecho al que se opuso el alcaide del Alcázar Diego Ortiz de Zúñiga, el cual prefirió renunciar a su cargo antes de permitir tal villanía.
            A la renuncia de Ortiz de Zúñiga fue encomendada tan sucia misión al un nuevo alcaide, el ballestero Juan Pérez de Rebolledo, el cual aceptó la misión sin el menor reparo. No se sabe de qué forma acabó éste con la vida de Doña Blanca, si fue con alguna pócima, un golpe de maza, apuñalada o cualquier otro procedimiento. Y aquella joven mujer, reina de España, hija de Borbón y descendiente de los reyes de Francia dejó de existir en el año 1361 a los 25 años de edad tras siete años de cautiverio.

Ni quito ni pongo rey
     Conocida en Francia la noticia del triste final, salieron para España varios caballeros franceses con su gente sedienta de venganza, entre ellos un hermano de la difunta, los cuales ingresaron en el ejército de don Enrique de Trastamara, hermanastro de don Pedro al que disputaba la corona. Entre estos caballeros figuraba el célebre Bertrand Du Guesclin  que en Montiel pronunció la famosa frase: “Ni quito ni pongo rey sólo ayudo a mi señor”, que como es sabido fue la causa que la corona pasara a manos de Enrique II por la muerte en aquel acto del rey don Pedro a manos de éste su hermanastro.

Cuando Jerez fue ocupado por los partidarios del Trastamara,  era alguacil mayor de Jerez Alonso Fernández de Valdespino, el cual, aunque en principio partidario de Don Pedro, se pasó al bando de los enriquistas. Su primera acción fue retener prisionero  en su casa a Pérez de Rebolledo, capturado cuando huía hacia Medina Sidonia, hasta su traslado a Sevilla, donde sería ejecutado como autor de la muerte de la esposa de Pedro I, Doña Blanca de Borbón. El ballestero fue ajusticiado en Sevilla, su cuerpo arrastrado por las calles y luego descuartizado. Hemos encontrado una referencia en cuanto a que los restos de Rebolledo fueron traídos a Jerez por su familia y enterrados en la capilla que llamaban de los Picaños en San Marcos.

Epitafio en San Francisco
            En cuanto a los restos de Doña Blanca, fueron depositados en la capilla mayor del templo de San Francisco de Jerez al lado del Evangelio. Y ello fue porque la reina había manifestado tal deseo cuando desde los torreones del Alcázar veía dicha iglesia. Cuando los Reyes Católicos visitaron Jerez en 1483, la reina Isabel ordenó se le diera sepultura al pie del altar mayor y se le rindieran los honores de reina. También ordenó poner una lápida de mármol con la siguiente inscripción:
“Consagrada a Cristo Sumo Bienhechor y Todopoderoso Señor Nuestro, Doña Blanca Reina de la Españas, hija de Borbón descendiente del ínclito linaje de los reyes de Francia, fue grandemente hermosa de cuerpo y costumbres, mas prevaleciendo la manceba, fue muerta por mandato del rey D. Pedro I el Cruel su marido. Año de Salud de 1361. Siendo ella de 25 años de edad”.

            Cuando se reedificó el templo de San Francisco a finales del siglo XVIII, hay noticias que los restos de Doña Blanca fueron depositados en una caja de cedro, guardándose en la celda del prior. Con el advenimiento de la Primera República en 1873, la caja de cedro fue depositada en el Archivo Municipal regresando al convento de San Francisco el 24 de febrero del año siguiente, colocándose en una pequeña cripta en el lado izquierdo del altar mayor.
La última noticia sobre la existencia de la mencionada caja nos la aporta en 1910 el que fuera archivero municipal Adolfo Rodríguez del Rivero, el cual dice que en esa fecha bajó a la cripta junto al entonces alcalde, el marqués de Campo Real, y allí estaba una desvencijada caja con los restos de aquella reina. Dentro de la misma, cuenta, había una lata que contenía un pergamino imposible de tocar pues se deshacía, dado su estado de descomposición. En cuanto a la lápida mandada a grabar por la reina Isabel la Católica se encuentra actualmente en la sacristía adosada a uno de sus muros.

¿Jerez o Medina Sidonia?
Para terminar diremos que existen divergencias sobre el lugar donde fue asesinada esta reina, pues algunos historiadores sitúan el hecho en un torreón de la muralla de Medina Sidonia. Esta tesis, pensamos, se basa sobre todo en una placa que mandó colocar en dicho torreón en 1859 el heterodoxo escritor Mariano Pardo de Figueroa, más conocido por su seudónimo de “Doctor Tebussem”, en la cual se podía leer: “En esta torre estuvo presa y acabó sus días a manos del ballestero Juan Pérez de Rebolledo, en el año 1361 la virtuosa reina doña Blanca de Borbón esposa de Pedro de Castilla”  Si nos atenemos a algunos hechos resulta fácil deducir que no fue en Medina Sidonia donde tuvo lugar el suceso, por las siguientes causas: En primer lugar Juan Pérez de Rebolledo era alcaide del Alcázar jerezano y no de Medina cuando ocurrió el acontecimiento, y de hecho se le apresó cuando huía de Jerez camino de Medina Sidonia a la altura de la laguna. En segundo lugar, como decíamos anteriormente, la historia cuenta que la reina veía desde su encierro el templo de San Francisco y manifestaba querer ser enterrada allí. Por último no existe ningún documento, al menos que se sepa, que indique el traslado del cadáver de la reina a Jerez desde Medina Sidonia. También es posible la confusión al hecho de haber estado Doña Blanca recluida durante algún tiempo en el Castillo de Sidueña o Sadunia al pie de la Sierra de San Cristóbal, denominaciones que emanan de Saris Siduna,  nombre de Jerez en el Medievo, y ello puede relacionarse erróneamente con Medina Sidonia. El caso es que mientras no se demuestre lo contrario de forma fehaciente y, por las razones anteriormente expuestas, la muerte de Doña Blanca la deberemos situar en Jerez.